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Tu diario. Libertad de expresion

Su opinión Patrocinadores Normas Buscador Anúnciese aquí Hemeroteca usuarios en línea • Mi&e. 20 de Mar. de 2019

Pedro Biedma

Artículos publicados en guadalhorce.net
Háblame Málaga
Pedro Biedma. 09.03.19 Ampliar
Siéntate aquí a mi vera,
que te pueda yo admirar.
Empalaga mis sentidos
con tu olor a tierra y mar.

Embriágame de placer,
con tu arte al caminar.
Muéstrame tu belleza
date una vuelta entera, que te quiero contemplar.


Mi añorado Kas
Pedro Biedma. 17.02.19 Ampliar
 –¡Papá!, ¿qué diferencia existe entre nuestro perro Kas y nosotros?
Nada más llegar a casa, mi pequeño me asaltó con dicha pregunta. Tras deshacerme de mi incómoda chaqueta, lo invité a sentarse en nuestro rincón del salón preferido, donde dilucidábamos las cuestiones importantes de la vida.
Tras pensar fríamente, llegué a una conclusión. A la conversación se unieron mi esposa y mi querido Kas.
 Los tres pendientes de mí, a la espera de que me pronunciara. El perro entendía perfectamente de lo que estábamos hablando. Así que sin más dilación comenté:
-    Los animales, al igual que los humanos, sienten, padecen, se alimentan, sueñan, lloran, muestran felicidad, son celosos, caprichosos, etc. En cuanto a las diferencias, yo las resumiría en dos:
No tienen la posibilidad de expresarse mediante nuestro lenguaje, aunque sí nos comprenden a la perfección, creo que esto es algo que les crea una gran impotencia.

La partida de ajedrez
Pedro Biedma. 08.02.19 Ampliar
Por fin llegó el domingo, Julio se encontraba exultante de felicidad pues tocaba visita familiar, hoy vería a su único hijo Pablo y con suerte a su nieto Julian. A sus ochenta años pocas cosas alegraban ya su vida, para ser exacto solo dos, la ya mencionada visita dominical y la partida nocturna de ajedrez con su amigo de habitación al que él llamaba simplemente “mala cara”. Había sido siempre un apasionado y gran jugador de este juego, pocas personas podían presumir de haberle vencido alguna vez.
A las once de la mañana y puntual como siempre, apareció su hijo, esta vez no le acompañaba Julián. Tras el beso y abrazo de rigor, ambos conversaron sobre las novedades transcurridas durante la semana, pocas la verdad. Pasada una media hora Julio le hizo una confesión a su hijo, se le notaba atemorizado y no sabía cómo comenzar a relatar lo que le sucedía. Tras unos segundos, tomó aire y comentó a su hijo que el lunes por la noche, y antes de empezar a jugar, su amigo “mala cara”, le hizo una propuesta no negociable. Esta consistía en qué si Julio le vencía, como solía hacer diariamente, le otorgaría cualquier deseo que pidiera, en cambio sí perdía, “mala cara” se apoderaría de su alma. Pablo lo escuchó, pero sin darle importancia, todos creían que ese amigo era una invención creada por su mente y alimentada por la soledad y los efectos de su avanzada edad.

El mejor padre del mundo
Pedro Biedma. 02.02.19 Ampliar
El día resultó agotador, por fin llegó a casa, casi sin fuerzas abrió lentamente la puerta y arrastrando sus doloridos pies, Juan cruzó el pequeño vestíbulo, tras un breve suspiro, depositó las llaves en el lugar de siempre. Nadie se percató de su presencia, como era habitual, en cambio él sí oyó las voces provenientes del dormitorio de su hijo donde este conversaba con su madre, las distancias eran muy cortas en su humilde vivienda. Sí de algo podía presumir Juan era de su afinado oído, prestó atención a lo que decían y lo que escuchó no fue nada agradable. Su hijo Javier explicaba a Isabel la razón por la que nunca invitaba a sus amigos a casa, le confesaba que se sentía avergonzado solo con el hecho de imaginar que su padre hiciese acto de presencia vestido de barrendero y sus afortunados compañeros lo vieran y descubrieran la verdadera profesión de Juan, él se había inventado un padre Ingeniero de una importante empresa, es decir, algo a la altura de la función que desempeñaban los progenitores de sus amigos. Además no les podría explicar que su padre no ganaba el suficiente dinero para comprarle la consola de moda con la que jugaban alternativamente de casa en casa, él siempre se inventaba alguna excusa cuando le tocaba el turno. Siguió hablando y confesando sus temores, su habitación estaba decorada con muebles muy simples y algo anticuados, muy distintas a las de sus amistades que eran enormes, modernas y no les faltaba el más mínimo detalle.

El viento silbó mi nombre
Pedro Biedma. 26.01.19 Ampliar
El viento silbó mi nombre,
lo ignoré con descaro,
tomó un disfraz de hombre,
para acudir a mi amparo.

Le agradecí su llegada,
invitándole a marchar,
¿no has oído mi llamada?,
sólo te quiero ayudar.

El candidato
Pedro Biedma. 19.01.19 Ampliar
Se trataba de la primera entrevista de trabajo de esa mañana. El futuro seleccionado, debería ser alguien que me transmitiese total confianza, compartiría con él todos los secretos de mi empresa, no podía errar en la elección del candidato.
–    ¡Adelante!, grité.
Juan abrió la puerta y le pedí que tomase asiento frente a mí.
Le ofrecí la mano y me la estrechó sin convicción, no le concedí importancia, sería debido al nerviosismo.
–    ¡Hable sobre su curriculum!, Juan.
Mientras me relataba sus conocimientos y experiencias, me dediqué a observar su aspecto y gestos.
Engominado hasta las cejas, perfectamente trajeado y emanando un agradable olor a perfume caro, pensé:

Ruego desesperado
Pedro Biedma. 13.01.19 Ampliar
Buenos días, alguno de vosotros sabéis de mí por los relatos y poemas que suelo publicar en estas páginas. Pocos me conocéis en persona, puedo definirme como una persona honrada y trabajadora. Padre de dos maravillosos hijos y esposo de una mujer a la que no le cabe el corazón en el pecho. Además contamos con otro miembro más en la familia, mi adorable Kas, quien se asemeja más a un crío que a un pastor alemán.
Hoy no vengo a relataros ninguna historia salida de mi imaginación, hoy quiero pediros un favor.
Hace años pasé por una situación delicada que me llevó a deber a una entidad financiera, la desorbitada cantidad de 1.221 euros por la hipoteca, esa que pagaba religiosamente desde 2.006, alcanzando algunos meses la cantidad de 1.300 euros.

14 de Febrero   
Pedro Biedma. 12.01.19 Ampliar
Hoy quiero confesaros algo extraordinario que ocurrió hace cuatro o cinco años, lo he mantenido en secreto todo este tiempo pero ahora me siento con fuerzas para contarlo y compartirlo con todos vosotros. Tenía esa fecha grabada en mi mente desde el lunes a primera hora, debía entregar una importante oferta antes de las siete de la tarde del viernes. Desde que recibí la orden por parte de mis superiores me concentré en ello, pasé horas y horas sin salir de la oficina, sin apenas tiempo para ir a comer algo, llegando tarde y cansado a casa, cruzando apenas un par de frases con los míos. Una cena rápida y ligera, un par de cigarros y un beso a cada uno acompañados de la frase “hasta mañana, que descanséis”. Por supuesto no tuve la ocasión de ver la televisión, la prensa, redes sociales, etc, ni un segundo, estaba centrado en mi tarea y lógicamente me perdí la noticia más importante de esa semana, aún me pregunto cómo pude obviarla. Al levantarme, media hora antes de lo habitual, una ducha para “espabilarme”, un café acompañado de mi esposa, un beso de despedida y a correr hacia la oficina, sin ganas ni tiempo de poner las noticias en la radio durante el camino, si acaso alguna de mis canciones grabadas. En el trabajo solo se hablaba de esa importante oferta, ni una sola referencia, al menos yo no la escuché, a la verdadera noticia que tenía al resto de España en vilo. Así transcurrió toda la semana, al llegar la hora prevista y como es habitual en mí, la oferta quedó entregada al cliente.

Yo quiero
Pedro Biedma. 07.01.19 Ampliar
Yo quiero calles de piedras y arena, con sus porterías imaginarias, con veinte niños pateando un balón viejo y donde no falte ese vecino cascarrabias al que todo le molesta; en lugar de estupendas y costosas consolas de juegos ficticios que solo sirven para acotar la imaginación de los jóvenes y mayores que dedican con pasión todo su tiempo disponible. Yo quiero encender la televisión y “tragarme” por imposición las viejas y antiguas películas que ponían los sábados, y no volverte loco con ese incomprensible mando a distancia que te guía por infinidad de canales cuyo contenido te importa un pimiento y finalmente eliges uno al azar que te acompaña mientras duermes. Yo quiero volver a sentir la alegría de recibir la visita sorpresa de un familiar antes que leer cientos de mensajes de texto en el móvil de personas queridas que raras veces podrás tener cerca. 

Conversación íntima
Pedro Biedma. 04.01.19 Ampliar
Entré en la habitación a sabiendas de que él se encontraba allí, esperaba mi visita. La oscuridad era total, pero mi mente estaba dotada de una visión nocturna, especial para la ocasión. No faltó a nuestra cita, le vi sonreír, llevaba puesta la misma ropa de hace algunos años. Se levantó de la silla y nos fundimos en un gran abrazo, ese que no nos dimos cuando se marchó. Reconocí el olor a colonia, esa que utilizaba tras afeitarse, por lo que lo besé en su cabeza y no en el rostro, como a él le gustaba. Me correspondió con un beso en la mejilla que erizó toda mi piel y me devolvió a mi niñez durante unos breves segundos. Agarró mi mano y dijo:
•    Siéntate, aquí, a mi lado, siéntate a mi vera.

Soñé que soñaba
Pedro Biedma. 30.12.18 
Soñé que soñaba y el sueño me situó de nuevo allí, en ese lugar, volvía a ser niño y él se encontraba junto a mí.
Yo, sentado bajo un enorme árbol en flor, embelesado, oyendo con suma atención las sabias palabras que salían por la boca de ese maravilloso ser, mi abuelo.
Los rayos de sol se filtraban con maestría, entre las ramas del inmenso mar que formaba la arboleda, hasta aterrizar en mis jóvenes y claros ojos, grabando en mi retina, una imagen imposible de borrar; la mágica y perfecta mezcla de tonalidades creada por el color rojizo de las flores, y el cuidado cabello canoso, de mi querido yayo.
Soñé que soñaba y en el sueño pude sentir sus labios en mi mejilla, noté como sus lágrimas, desembocaban en mi terso rostro, mientras paseaba con dulzura sus dedos por mis cabellos.
Susurró una frase de despedida a mi oído, esa que no tuvo oportunidad de realizar en aquel entonces. Después y poco a poco su figura fue alejándose hasta desaparecer de mi sueño, entonces soñé que soñaba con desear despertar, y desperté.
Tomé mi pluma y relaté mi sueño, ahora cada vez que lo leo, sueño despierto y me sitúo de nuevo allí, en ese lugar, vuelvo a ser niño y él se encuentra junto a mí.

Procesos naturales
Pedro Biedma. 23.12.18 Ampliar
Ignacio se encontraba postrado en la cama del hospital y rodeado de sus seres más queridos, sus ojos permanecían cerrados desde hacía varios días, el dolor ya no existía, en cambio sus oídos parecían entrenados para cazar al vuelo cualquier ruido que se generaba en la habitación y transportarlo a su funcional cerebro donde era procesado a la perfección.
Sus constantes vitales eran casi nulas y todos, incluido él, esperaban el desenlace final.
“Lo siento no podemos hacer nada más, es cuestión de horas”, sentenció esa misma mañana el doctor a sus familiares y, sin ser consciente, al propio Ignacio.
Cerca de la media noche una sensación de paz inmensa comenzó a invadir su cuerpo, segundos después un crujido enorme pero agradable tuvo lugar en su interior. De repente se hallaba flotando sobre su propio cuerpo, inerte y al que le besaba sin parar de llorar su amada esposa Inés, el quería tocarla y decirle que estaba ahí arriba pero era incapaz de controlar sus movimientos, impotente se miró y observó que estaba desnudo, aunque no reconocía su cuerpo, había adquirido un aspecto mucho más juvenil, su pecho carecía de los canosos pelos del Ignacio que yacía inmóvil encima de la cama.

Un triste bolero
Pedro Biedma. 16.12.18 Ampliar
El salón se encontraba repleto de bellas mujeres luciendo sus mejores galas, todas deseosas de que el príncipe de sus sueños apareciese y la rescatase del grupo de las ignoradas y fueran premiadas con un baile en el centro de la pista. De repente hizo su aparición el mejor de los galanes, el que las derrite con una sola mirada, un sueño imposible para la mayoría de ellas, se trataba, como no, de D.Tenorio (no podía llamarse de otra manera). Con su impecable frac, gomina en cantidad para marcar sus negros cabellos, bigote aturdidor igual que el de Errol Flynn y un caminar elegante como ningún otro, sin pensarlo anduvo hacia donde se encontraba ella, situada de espaldas. El agarró su hombro descubierto para que le prestara atención, sus miradas se cruzaron durante eternos segundos y sin mediar palabra alguna, se cogieron de la mano y la cintura y comenzaron a bailar, no les hizo falta hablar, sus ojos lo dijeron todo, sonaba un antiguo y triste bolero.
El lugar se convirtió repentinamente, en una pequeña caja de música antigua, donde ellos eran los protagonistas. La música de la caja cesó y ambos se despidieron hasta el próximo domingo, en el mismo lugar, ese día ella no esperaría junto al grupo de las ignoradas, ese día, Rosa, realizaría su entrada orgullosa y sonriente, acompañada de su galán, sabedora de ser la envidia del resto de señoritas.

El perro y el vagabundo
Pedro Biedma. 08.12.18 Ampliar
¡Feliz Navidad! fiel amigo,
compañero de aventuras,
otra vez serás testigo,
de un desfile de finura.

Ubicado aquí conmigo,
en un lugar de privilegio,
en nuestro palco del olvido,
sin perder el carácter regio.


La cara oculta de la Luna
Pedro Biedma. 03.12.18 Ampliar
Cuenta una leyenda imaginaria que hace miles y miles de años, habitaba en la Tierra un príncipe joven y bello como ningún otro ha existido jamás, de nombre Axión, Su padre el rey se hacía mayor y se aproximaba el momento de reemplazarle en el trono. A pesar de que todas las jóvenes solteras del reino ansiaban con llegar a casarse con él, solo tenía ojos y corazón para su gran y oculto amor, la otra cara de la Luna que por aquellos tiempos se mostraba radiante en lo alto del firmamento. Sí ya de por sí la cara que ahora nos muestra es una de las cosas más bellas que podemos presenciar, la hermosura de su cara oculta es imposible de narrar con palabras (al menos con las de este humilde escritor).
El príncipe acudía, en secreto, todas las noches y durante tres semanas, a la torre más alta de la fortaleza donde vivía, allí se sentaba y mantenía un verdadero idilio de amor con su amada, hay quien alguna vez les oyó hablar pues ella también respondía a los halagos y se confesaba enamorada de él.

Así Nací
Pedro Biedma. 27.11.18 Ampliar

Mil promesas incumplidas,
diez sorpresas porque si,
abro y cierro tus heridas,
no hay remedio, así nací.

Mil minutos de dolor,
una hora de frenesí,
causo y calmo tu furor,
no hay remedio, así nací.


Charlatán
Pedro Biedma. 18.11.18 Ampliar
Mercedes observaba, desde su ventana, la Parroquia de San Pablo Apóstol, una de las edificaciones más representativas de San Pablo del Monte, ciudad ubicada en la zona sur de México. A sus ochenta y dos años, su cansada vista no le permitía apreciar todo su esplendor, no era necesario, su mente atesoraba la imagen del monumento a la perfección. Sus recuerdos le regalaron un viaje al pasado y durante unos minutos, paseó del brazo de su amado Miguel por las calles de su ciudad. Él hablaba sin parar, mientras ella, cautivada por el verde de sus ojos, asentía con la cabeza y le interrumpía de vez en cuando:
•    ¡Calla un segundo!

La ilusión
Pedro Biedma. 21.10.18 Ampliar
Anoche me despojé una a una de todas mis preocupaciones, elevé la mirada al cielo y allí estaba ella, más bella que nunca, esperando una señal mía. Abrí mi alma de par en par, saqué dos sillas de esparto y con ellas rodeé mi corazón, grité en silencio su nombre invitándola a sentarse en mi interior, al instante se me acercó y comenzamos a dialogar. La Luna acarició con ternura mi rostro, la piel se me erizó, y sin pudor me preguntó :
–    ¿Qué piensas amigo mío ?
Se unieron a la reunión mis sentimientos más puros y el más sabio de ellos respondió en mi lugar:
–    ¡Luna!, ¿ qué es lo verdaderamente importante en esta vida ?
Ella permaneció callada unos segundos, se sirvió un vaso de mis recuerdos, y pronuncio:

El viento silvó en mi nombre
Pedro Biedma. 14.10.18 Ampliar
El viento silbó mi nombre,
lo ignoré con descaro,
tomó un disfraz de hombre
para acudir a mi amparo.

Le agradecí su llegada,
invitándole a marchar,
¿no has oído mi llamada?,
sólo te quiero ayudar.

Noche mágica
Pedro Biedma. 06.10.18 Ampliar
Mágica noche de un cinco de Enero, Juan caminaba cabizbajo, por una solitaria y desconocida. De sus ojos se desprendían, ordenadas y sin pausa, cientos de lágrimas que iban a morir en el cuello de su jersey.
La luz de una inmensa luna llena, más llena que nunca, alumbraba su deambular.
El sonido del gentío martirizaba sus oídos, Juan aceleraba sus pasos para alejarse de él. En su mente, la imagen de su esposa lamentándose de dolor y la voz temblorosa de su hijo pequeño, lanzando preguntas imposibles de responder, se repetían una y otra vez.
De repente al alzar la cabeza, una figura apareció frente a él, un señor disfrazado de Rey Mago, barba incluida, se plantó delante impidiéndole el paso.
Trató de esquivarlo pero el Rey maniobró a su par, posó su mano en el hombro de Juan, le acercó su boca al oído y le susurró:

Adrián
Pedro Biedma. 29.09.18 Ampliar
Acabó su jornada laboral y Juan salió disparado hacia casa. Era 31 de octubre y debía preparar todo esa misma tarde. Ana esperaba su llegada envuelta en una extraña mezcla de alegría y tristeza a la vez. Se trataba del primer año y jamás imaginaron que este día tuviese lugar, pero Dios así lo quiso y debían de preparar el altar con las ofrendas de bienvenida en honor de su querido Adrián.
Nada más llegar, se fundieron en un profundo y amargo beso y sin mediar palabra, se dirigieron a la habitación azul, el color preferido de Adrián, Juan permanecía frente al altar, perfectamente decorado con flores de cempasúchil, mientras Ana le entregaba uno a uno los objetos elegidos para la ocasión.
Pasta con tomate, batido de cacao, naranjas, calaveritas de dulce, así uno a uno pasaban las ofrendas de las manos de ella a las de él, con parsimonia y en silencio, ya solo quedaba el juguete preferido, su destartalado coche de bomberos. 

Cobardía
Pedro Biedma. 23.09.18 Ampliar
Me levanto como cada mañana, con el miedo de volver a encontrarme con él, ya está aquí, ya lo tengo frente a mí, me quedo aterrorizado, inmóvil, incapaz de gesticular o emitir un simple sonido.
Su rostro cruel me produce pánico, imposible desviar mi mirada de la suya, en ella existe una mezcla de rabia y pena a la vez, “aliñada con un buen chorro” de sinceridad.
Abre su boca y comienza a lanzar palabras como dardos envenenados, todos ellos tienen un único destino, mi corazón, van cargados de una dosis letal de “lucha y valor”.
Sonríe creyéndose victorioso pues ha logrado un pleno total, todos han acertado en el centro de la diana.
De repente mi mujer aparece en el cuarto de baño y pregunta:

Rescates del olvido
Pedro Biedma. 15.09.18 
Soñé que soñaba y el sueño me situó de nuevo allí, en ese lugar, volvía a ser niño.
Mi alma cantaba una canción antigua, muy antigua. Mi mente bailaba, mientras mi corazón, sentado en una silla de esparto, tocaba las palmas marcando el compás.
En el centro había una mesa con borrachuelos calientes, una voz extraviada en el recuerdo, me dijo:
–    ¡Niño, come!, que está recién hechos, son de miel, como a ti te gustan.
No pude ver su rostro, no hacía falta, era ella. Sentí el dulce tacto de sus dedos acariciando mi rostro. Bebí, hasta saciar mi cuerpo, de su fragancia olvidada hace años.
Sabedor que mi sueño llegaba a su fin, avisé a los míos:
–    ¡Dejad la juerga!, debemos volver.
Oí el sonido de una lágrima golpear el suelo, provenía de ella, lancé un beso al aire para que lo recogiese y entre sollozos le comenté:
–    Te aseguro que pronto el caprichoso mundo de los sueños me permitirá  regresar, aunque sea solo unos minutos.
Al instante me desperté, con una enorme sensación de paz, y con una canción rescatada del olvido de mis recuerdos.
–    No me llames Dolores,
llámame Lola,.....

Todo y nada
Pedro Biedma. 09.09.18 Ampliar
Hoy no tengo el día inspirado, mis musas permanecen en su escondite secreto. Ninguna idea interesante sobrevuela por mi mente. Fuerzo una y otra vez mi inventiva sin conseguir crear algo digno de plasmar en un papel. Entonces pienso en nada y en todo, dos palabras tan opuestas y complementarias a la vez.
Cuando ya posees todo, nada resta por tener. Cuando nada queda, todo puedes conseguir.
El todo muere en la nada y de la nada nace todo. Sin los míos no lograría nada, junto a ellos me considero capaz de todo.
Por defecto asociamos estos vocablos al aspecto meramente económico, el rico atesora dinero y bienes y el pobre nada de ello. En cambio si pudiésemos ver lo que guardan en sus corazones, el papel de pobre y rico podría intercambiarse. ¿Cuantas personas ricas caminan por la vida con el corazón vacío?. ¿Cuantos indigentes sobreviven día a día gracias a la ilusión que desbordan sus corazones?.


Cruzar C/Santa Mónica, una aventura  a nuestro alcance

Pedro Biedma. 02.09.18 Ampliar
Existe una bella localidad, llamada A.D,L,T., donde casi todos sus habitantes viven felices y contentos. Además, casi todos cumplen con sus deberes y hacen uso de sus derechos. Casi todo en el hermoso y cívico pueblo resulta idílico.
El pueblo ha ido creciendo poco a poco, gracias a sus maravillosas urbanizaciones. A una de ellas la llamaron Santa Clara y sus calles tomaron el nombre de distintas Santas: Brígida, Elena, Juliana, etc. Para una de las que posee mayor longitud, eligieron el nombre de Santa Mónica, una mujer que consiguió la conversión al catolicismo de su rebelde hijo Agustín.

Frases 3
Pedro Biedma. 26.08.18 Ampliar
La humildad nace, la arrogancia se adquiere, la primera siempre es fiel, la segunda es desleal por naturaleza. El humilde jamás será arrogante, el arrogante tarde o temprano, volverá a ser humilde. 13-7-18
La vida es un corto paseo,la muerte un largo sendero.
La palabra es un simple disfraz, que alquila nuestro silencio.
El amor es solo un invitado,en el barco del cariño.
La felicidad juega a hurtadillas,en el parque de los deseos.  14-7-18

¿Acuérdate?
Pedro Biedma. 24.08.18 Ampliar
Disponía de todos los elementos necesarios para tratarse de un capítulo escrito por un guionista malvado que se repetía noche tras noche, a Francisco le había asignado el papel de protagonista sufridor.
Volvían a ser las tres y cinco de la madrugada y por fin lograba escapar de esa horrible pesadilla, su cuerpo se encontraba inmerso en un caudaloso río de sudor gélido y pegajoso y gélido, su corazón parecía haber optado por escapar de su lugar original y palpitar otros mundos a su antojo. Observó el reloj con la intención de verificar la hora, como si de un adivino se tratará, acertó, la misma hora y minutos de las últimas madrugadas, eso le tranquilizó, se giró hacia el otro lado de la cama, sin hacer ruido y lo confirmó, allí se hallaba su mujer, como siempre, sumida en un sueño profundo y a su lado. Con sumo cuidado para no despertarla le depositó un suave beso en la frente y la cubrió perfectamente con la sábana hasta alcanzar el cuello, aunque luego ella volvería a destaparse como siempre hacía, esa noche era bastante fría.

El hombre alto y delgado
Pedro Biedma. 20.08.18 Ampliar
Subió al coche con ilusión, se abrochó el cinturón de seguridad y obligó a su acompañante a que hiciera lo mismo que él. Justo antes de arrancar, su mente recordó el episodio que aconteció un par de noches antes. Su rostro alegre fue adquiriendo, en cuestión de segundos, un gran gesto de terror. Se encontraba a punto de realizar el mismo recorrido y ya no existía una posible marcha atrás. Agarró con fuerza sus manos al volante, cientos de gotas de sudor recorrían su frente, pisó el acelerador y rezó porque no volviera a ocurrir.
El tráfico era intenso, muy intenso, como a él le gustaba, además su coche sin capota les permitía disfrutar de la cálida brisa que reinaba esa noche. Los ruidos ensordecedores procedentes del exterior le impedían oír lo que su acompañante quería decirle. Debía de tratarse de algo muy importante, pues no cesaba de gesticular y señalar con la mano. Entonces comprendió lo que sucedía y el miedo inicial se multiplicó por diez, conocía a la perfección la secuencia de los hechos que iban a acontecer.

Frases (2)
Pedro Biedma. 18.08.18 Ampliar
Una de mis teorías es que no existen los tres clásicos conceptos temporales (pasado, presente y futuro), solo vivimos el presente. En estos momentos estoy escribiendo, pero cuando finalice se habrá convertido en pasado, y nadie me asegura que pueda acabar de escribirlo. Mañana o pasado mañana, cuando vuelva a leerlo, no será futuro, en ese instante será mi presente. 23_4_18
La vida es un camino en el que pactan turnarse emociones y contratiempos, cuando las emociones rompen el pacto y dejan solos a los contratiempos, la vida ya no es tan vida. 15-5-18
Hay días que nunca debieron existir y otros que no existieron nunca. 22-5-18
Dicen que se vive solo una vez, pienso que se muere solo una vez, cada mañana al despertar comienza una nueva vida de la que desconocemos lo que nos puede deparar, cada día que pasa es una vida vivida. 12-6-18

Frases1
Pedro Biedma. 15.08.18 Ampliar
Os dejo algunas frases mías para pensar y reflexionar sobre ellas
Un corto e inteligente momento de silencio dice muchas más cosas que una larga y estúpida conversación.24-1-16
Lo que la verdad esconde se refugia en tu corazón, para escapar de él utiliza el disfraz de mentira piadosa. 24-1-16
Aunque tengas las rodillas en el suelo, mantén la cabeza muy alta 3-7-16
Las personas con la edad no siempre se olvidan de casi todo pero casi todas caen en el olvido. P.B.10.8.16
La vida es igual que un túnel, conocemos su entrada, sabemos que tiene un final, pero desconocemos su longitud y lo que hallaremos en la salida. p.b. 7-8-16
En muchos momentos de tu vida puedes resultar vencedor o salir derrotado pero para ello es necesario luchar. P.B. 1-2-16
Si alguien a quién aprecias está punto de caer un error y no lo puedes convencer, nunca discutas con él, sigue a su lado y cuando caiga ofrécele tu mano para que se pueda levantar, luego no le reproches nada, solo sigue caminando junto a él. 4-4-16.

Tristeza consagrada
Pedro Biedma. 12.08.18 Ampliar
Abatido y cansado, tras una grata jornada, en la que conocí las maravillas que atesora el río Caicena, decidí descansar frente a la Cola de Caballo. Gozar de su belleza y la ayuda inestimable del cercano Dios Hypnos, hizo que me sumiera en un profundo sueño.
Al abrir los ojos, la noche había tomado el lugar, otorgando al día su merecido reposo. Una bocanada de aire heló mi nuca, me incorporé, giré el cuerpo y pude contemplar a la mujer más hermosa que había visto nunca. Vestía una túnica blanca, lucía una rama de olivo en su cabello negro azabache, al igual que sus ojos, que desprendían tal tristeza que contagió mi corazón.
Permanecimos inmóviles unos segundos hasta que ella posó su mano en mi hombro y preguntó:

La cara oculta de la Luna
Pedro Biedma. 29.07.18 Ampliar
Cuenta una leyenda imaginaria que hace miles y miles de años, habitaba en la Tierra un Príncipe joven y bello como ningún otro ha existido jamás, de nombre Axión, su padre el Rey se hacía mayor y se aproximaba el momento de reemplazarle en el trono. A pesar de que todas las jóvenes solteras del reino ansiaban con llegar a casarse con él, sólo tenía ojos y corazón para su gran y oculto amor, la otra cara de la Luna que por aquellos tiempos se mostraba radiante en lo alto del firmamento. Sí ya de por sí la cara que ahora nos muestra es una de las cosas más bellas que podemos presenciar, la hermosura de su cara oculta es imposible de narrar con palabras (al menos con las de este humilde escritor).
El Príncipe acudía, en secreto, todas las noches y durante tres semanas, a la torre más alta de la fortaleza donde vivía, allí se sentaba y mantenía un verdadero idilio de amor con su amada, hay quien alguna vez les oyó hablar pues ella también respondía a los halagos y se confesaba enamorada de él.

El ascensor
Pedro Biedma. 14.07.18 Ampliar
3º PREMIO EN EL VII Certamen Internacional de Relatos Cortos “EN TORNO A SAN ISIDRO”- 2018
El ascensor comenzó su viaje a la planta 14 con sólo dos pasajeros. Andrés nacido en la gran capital y Raúl, natural de un pequeño pueblo de Cuenca.
Nada más cerrarse la puerta, el primero se afloja el nudo de la corbata y comenta:
– ¡Qué calor hace hoy!
Raúl, con educación responde:
– Cuando viene la golondrina, el verano está encima.
Planta 3ª.

Semillas de felicidad
Pedro Biedma. 10.07.18 Ampliar
Malhumorado, Juan, recopiló todas sus pertenencias y con un ansia desenfrenada se dispuso a abandonar aquel ruidoso lugar. Durante la noche fue incapaz de lograr un sólo minuto de paz, la verdad que las vistas no tenían desperdicio, pero nadie le comentó la cantidad y variedad de sonidos que allí se congregaban. Su intención al llegar, consistía simplemente en descansar y atrapar, una noche más, su sueño preferido.
Ese donde se convertía en un agricultor que observaba sus inmensas tierras, plantadas con miles de semillas de felicidad. El año había sido duro pero en esa ocasión no hubo plagas, ni destrozos causados por las inclemencias del tiempo, ni pajarracos negros que se alimentaran de sus semillas, ese año todo los factores resultaron propicios. Por fin, podía comprobar junto a sus dos hijos, que le contemplaban orgullosos, como sus semillas daban sus merecidos frutos. Estaba claro que esa noche no le visito tal sueño, ni ningún otro.
Lo primero que pensó fue solicitar una hoja de reclamaciones, pero no halló a nadie en recepción. En el fondo era consciente de que no serviría para nada, lo que tenía muy claro  es que nunca más pernoctaría allí.

Perros en Retamar
Pedro Biedma. 07.07.18 Ampliar
Soy un vecino de la zona de Retamar (junto a Mercadona) y que poseé un ejemplar de pastor alemán.  Mi queja es la siguiente:
En toda la zona y concretamente en un parque infantil en el Campanario (donde juegan los niños), todos los vecinos que tenemos perro/s, logicamente los sacamos a pasear, muchas veces a ese parque. La mayoría cumplimos con la obligación de llevarlos atados (da igual el tamaño del perro) pero hay una serie de personas que no deben conocer la obligada reglamentación (llevar atados a los perros siempre que se encuentren fuera de sus domicilios o de parques caninos). Los animales carecen de razocinio y sus reacciones son imprevisibles, en alguna ocasión uno de estos perros sueltos y sin bozal ha atacado al mío (por suerte no a mi hijo que es quien lo pasea), lo peor de todos es que los dueños de esos perros permanecen inmóviles, incluso alguno sonríe ante el “hermoso espectáculo” que contemplan. Además no hay que olvidar que tanto en la calle como en el parque infantil hay adultos y niños, cualquier día ocurrirá una desgracia y la risa se convertirá en llanto.
Por eso les ruego a esas personas que:

En cien palabras te contaría:
Pedro Biedma. 03.06.18 
Todo lo que mi silencio aún te calla, que nada silencia tus deseos, que a veces despierto soñando, que en tus sueños siempre despierto, que guardo mis recuerdos en el cajón de tu olvido, que mi olvido nunca te recuerda, que el mar calma nuestro llanto, que me aterran tus temores, que tu ilusión duerme a mi vera, que mis manos están atadas con el último hilo de tu esperanza, que me cobijo en tu refugio, que me canso de no contemplarte, que te miro hasta agotarme, que mi tristeza se alegra al verte, que Dios se lució al crearte.
En siete palabras te diré: Que te amo, ayer, ahora y siempre.

Bueno queridos lectores, con este texto me despido durante un tiempo de ustedes, ha sido un placer compartir algunos de mis relatos, sí alguién quiere contactar conmigo lo puede hacer mediante el email  pbiedma1@gmail.com  Mis palabras salen directas del corazón y aunque en estos momentos “no está muy contento”, aún guardo en él toda la bondad que poseo, con lo que me tenéis a vuestra disposición sí necesitáis algún escrito para una buena causa. Pedro Biedma.


Un domingo en el parque
Pedro Biedma. 02.06.18 Ampliar
Un día más, Paco, un señor de unos 60 años, esperaba impaciente, sentado en su banco del parque de las Palomas, la llegada de su joven amigo Fran. Seguro que a las 12:00 ya estaría allí, igual que todos los domingos desde hacía ya cerca de un año, faltaban escasamente cinco minutos.
Se conocieron casualmente un día en el que una repentina lluvia sorprendió a Fran en mitad del parque y sin paraguas, Paco amablemente le ofreció cobijo debajo del suyo. Al principio Fran dudó, se veía demasiado joven para compartir asiento con ese señor, además era muy tímido y no sabría de qué hablar, el anciano lo notó al instante y fue él quien rompió el hielo con un tema muy recorrido en estos casos, el tiempo, comenzaron a dialogar y poco a poco el joven se fue soltando y alargando sus frases. Ese encuentro puntual se convirtió pronto en rutina semanal.


Pasan los años
Pedro Biedma. 01.06.18 Ampliar

Pasan los días, pasan los meses, pasan los años,
una a una caen las hojas del caduco calendario,
se alternan a su antojo realidad y desengaño,
mil veces piensa en blanco, otras mil en lo contrario.

Cien batallas has librado, muchas de ellas derrotado,
el placer de las victorias recompensa el desaliento,
pocas veces otorgado, casi siempre te han negado,
la cabeza siempre alta y tu estima en aumento.


El pintor de recuerdos
Pedro Biedma. 19.05.18 Ampliar
Egoísta, mala persona y rico, extremadamente rico, con estos calificativos definían a Alfonso aquellos que por desgracia le conocían. Durante sus setenta y cinco años de vida había logrado amasar una enorme fortuna y para conseguir dicha gesta, nunca dudó en utilizar a su antojo a cientos de personas, las exprimía hasta extraer la última gota, (económica, física y psíquica) de ellas, para luego abandonarlas en la más horrible de las miserias, además nunca mostró síntomas de compasión por sus falsos aliados caídos, todo lo contrario, disfrutaba con ello.
Últimamente y, sin dudas, ayudado por el miedo a la muerte, hablaba mucho consigo mismo, sobre todo en sus largas y solitarias noches, intentaba auto convencerse que en su imaginaria balanza de medir acciones buenas y malas realizadas, ganaban por mayoría las primeras, y falseando la realidad, imaginaba la cantidad de situaciones felices que había otorgado a tanta gente, gracias a sus geniales estrategias financieras. Cuando llegaba a este punto en su auto diálogo, siempre le surgía el mismo dilema, una pregunta a la que ni su mentirosa conciencia era capaz de dar respuesta, ¿cuántos momentos felices habían tenido lugar a lo largo de su vida?, ¿cuál había sido su día más feliz en estos años?, seguro que existen cientos, pensaba, pero era incapaz de recordar uno sólo de ellos. Este hecho le preocupaba y estaba dispuesto a solucionarlo, para ello utilizaría su arma de arreglar problemas, utilizaría su dinero.

Hilo de esperanza
Pedro Biedma. 07.05.18 Ampliar
¿Recuerdas esos días no tan lejanos en el tiempo?
Aparecían igual que ahora, de repente
¡Cómo si los hubiese traído el viento¡
Si llegaban de levante, los veías de poniente.

¿Recuerdas esa sonrisa dibujada en tu cara?
Contagiabas con ella nuestra vidas
Me acercaba para que ella me guiara
No podía sentir miedo, porque tu me cuidas.

Soy tan..
Pedro Biedma. 06.05.18 
Soy tan perfecto que contagio mil defectos,
soy tan generoso que regalo mi egoismo,
soy tan gran amante que me odio por completo,
soy tan bondadoso que al mirarme ves crueldad,
soy el más leal amigo de mi triste soledad,
soy tran precavido que me suelo descuidar,
soy tan equitativo que demuestro ser parcial,
soy tan sensato que actuo sin pensar,
soy una gran sueño que quisiera despertar,
soy un corazón tierno y cálido, cual espada fría de metal.

El mejor padre del mundo
Pedro Biedma. 02.05.18 Ampliar
El día resultó agotador, por fin llegó a casa, casi sin fuerzas abrió lentamente la puerta y arrastrando sus doloridos pies, Juan cruzó el pequeño vestíbulo, tras un breve suspiro, depositó las llaves en el lugar de siempre. Nadie se percató de su presencia, como era habitual, en cambio él sí oyó las voces provenientes del dormitorio de su hijo donde este conversaba con su madre, las distancias eran muy cortas en su humilde vivienda. Sí de algo podía presumir Juan era de su afinado oído, prestó atención a lo que decían y lo que escuchó no fue nada agradable. Su hijo Javier explicaba a Isabel la razón por la que nunca invitaba a sus amigos a casa, le confesaba que se sentía avergonzado sólo con el hecho de imaginar que su padre hiciese acto de presencia vestido de barrendero y sus afortunados compañeros lo vieran y descubrieran la verdadera profesión de Juan, él se había inventado un padre Ingeniero de una importante empresa, es decir, algo a la altura de la función que desempeñaban los progenitores de sus amigos. Además no les podría explicar que su padre no ganaba el suficiente dinero para comprarle la consola de moda con la que jugaban alternativamente de casa en casa, él siempre se inventaba alguna excusa cuando le tocaba el turno. Siguió hablando y confesando sus temores, su habitación estaba decorada con muebles muy simples y algo anticuados, muy distintas a las de sus amistades que eran enormes, modernas y no les faltaba el más mínimo detalle.

Quejas y demandas ciudadanas
Aparcamiento en calle Santa Mónica

Pedro Biedma. 01.05.18 
Quisiera VOLVER realizar una queja sobre el peligro que supone que en la calle Santa Mónica, de la Urb. Santa Clara, los coches y vehículos tomen como aparcamiento habitual la calzada derecha, de principio de dicha calle hasta bien concluida la misma. Esta calle de doble sentido ha quedado reducida a un sólo carril para ambas direcciones, da igual la hora del día y el día de la semana. Antes de atravesarla hay que pensarlo dos veces, armarse de valor y confiar en la suerte divina para no coincidir con otro vehículo que venga de frente y sí viene alguno, rezar para que tú y el otro conductor seáis lo suficientemente hábiles para que los autos no coincidan entre si. Además debes mantener la visión de un ojo en el lado de la calle tomado libremente como aparcamiento, pues corres el peligro de que se cruce en tu camino algunas de las personas que acaban de estacionar. No entiendo cómo las autoridades competentes no han puesto remedio a este problema. Me imagino que todo acabará cuándo suceda alguna desgracia (espero que no ocurra nunca).  De hecho ya se ha producido algún leve percance. Entiendo que lo fácil es aparcar en el carril prohibido, agachar la cabeza y entrar en nuestras viviendas, como si nada hubiésemos hecho mal. Nosotros permanecemos seguros en el interior, con nuestro vehículo cerca, los que tengan que circular en uno u otro sentido, que tengan cuidado, ya no es mi problema ¿o si?. Estoy seguro que el día que el órgano competente cumpla y multe esos coches mal aparcados, sus propietarios perderán cinco minutos en buscar un aparcamiento en otro lugar y seguro que no muy lejano a sus viviendas-

Moraleja
Pedro Biedma. 26.04.18 Ampliar
Juan esa noche no pudo ir a su hogar por motivos laborales pero le prometió a María que volvería temprano a casa. María se levantó muy temprano, más de lo habitual en ella, apenas pudo dormir en toda la noche, daba vueltas a la cama y no hacía más que pensar en él, no podía pensar en otra cosa por más que su mente lo intentaba. Se lavó rápidamente la cara y bajó desesperada a su encuentro. Por fin lo vio, el corazón casi se le salía del pecho, sus latidos retumbaban en su mente de forma atronadora, por fin estaba frente a él. Estaba a punto de dar riendas sueltas a su imaginación y cumplir el deseo que ansiaba desde hacía horas, lo haría allí mismo en la cocina, no podía esperar más, sudaba, estaba nerviosa, parecía que era la primera vez. Entonces algo inesperado ocurrió, su hijo Adrián, de 5 años, se despertó y entró en la cocina llorando, “he tenido una pesadilla y no puedo dormir”. Ella se quedó muda por un momento pero abrazó a su hijo y le dijo “no te preocupes Adrián, sólo ha sido un sueño”, le dio un beso, lo cogió en brazos y lo llevó hacia su cuarto para que pudiera volver a dormir. Antes de salir de la cocina sus ojos deseosos se clavaron en él y pensó “ahora cuando vuelva te vas a enterar”.

Tazas de café (Final B)
Pedro Biedma. 22.04.18 Ampliar
Se despidieron en la puerta, con la dulce monotonía de sellar sus labios una mañana más, él subió a su antiguo pero servicial coche azul y desde allí le envió otro cariñoso beso, esta vez unió su boca a la palma de la mano y, como si de un truco de magia se tratara, lo lanzó hacia ella, que lo alcanzó en pleno vuelo para posarlo en su rosada mejilla.
Ninguno logró adivinar que no iba a ser un día como casi todos los demás, hoy quiso rendir homenaje a una triste canción de un grupo de rock madrileño de los años 70 y que en uno de sus temas hablaba de un amor que se rompe por motivos insalvables de la vida.
Andrea entró en casa, su agenda diaria se hallaba repleta de tareas importantes por resolver, pero antes de lo importante, siempre se encuentra lo urgente y en este caso lo urgente era, como no, saborear un cigarrillo acomodada en su silla favorita de la cocina, acompañada de su segunda taza de café, la primera siempre tenía mejor sabor y aroma, la primera la degustaba junto a su querido Daniel, seguro que él utilizaba alguno de sus trucos para prepararlo.

 Tazas de café (Final A)
Pedro Biedma. 14.04.18 Ampliar
Se despidieron en la puerta, con la dulce monotonía de sellar sus labios una mañana más, él subió a su antiguo pero servicial coche azul y desde allí le envió otro cariñoso beso, esta vez unió su boca a la palma de la mano y, como si de un truco de magia se tratara, lo lanzó hacia ella, que lo alcanzó en pleno vuelo para posarlo en su rosada mejilla.
Ninguno logró adivinar que no iba a ser un día como casi todos los demás, hoy quiso rendir homenaje a una triste canción de un grupo de rock madrileño de los años 70 y que en uno de sus temas hablaba de un amor que se rompe por motivos insalvables de la vida.
Andrea entró en casa, su agenda diaria se hallaba repleta de tareas importantes por resolver, pero antes de lo importante, siempre se encuentra lo urgente y en este caso lo urgente era, como no, saborear un cigarrillo acomodada en su silla favorita de la cocina, acompañada de su segunda taza de café, la primera siempre tenía mejor sabor y aroma, la primera la degustaba junto a su querido Daniel, seguro que él utilizaba alguno de sus trucos para prepararlo.

A la busca del pasado
Pedro Biedma. 07.04.18 Ampliar
Deambulaba sin rumbo fijo, sin un destino concreto al que dirigirse, tan sólo caminaba guiado por su intuición, su mirada permanecía clavada en el horizonte lejano. Su mente logró algo realmente complicado, ser capaz de no pensar en nada en absoluto , su mente se vació de pensamientos y recuerdos, además consiguió anular las sensaciones más básicas del ser humano, entre otras, el hambre y la sed. Los que se cruzaban con él, evitaban a toda costa pasar a su lado, lo esquivaban para ni siquiera rozar con él. Antonio acababa de cumplir 65 años pero su aspecto descuidado y su rostro demacrado por los avatares de la vida, le añadían otros diez no legítimos, ni él mismo conocía su verdadera edad.

Hoy no les dejo un relato ficticio, hoy les ofrezco mi realidad
Pedro Biedma. 31.03.18 Ampliar
12 de Marzo de 2.015, a partir de esta fecha, para mí, para los míos, los tres tiempos temporales, pasado, presente y futuro, quedaron reducidos a sólo dos, el tercero se desvaneció por arte de magia.
Retrocedamos hasta el año 2.006, aquél en el que, como otras muchas, mi familia y yo nos trasladamos a este bello y moderno pueblo, con la ilusión por bandera y un futuro esperanzador. Elegimos un maravilloso adosado en una Urbanización, no importa el nombre, que contaba con todos los alicientes que podíamos desear.
Aprovechando el espíritu de optimismo reinante en España, nos decidimos a vender nuestro hogar en Málaga y comprar una nueva en este municipio, las condiciones resultaban inmejorables, una Caja (no importa el nombre), nos concedía sin problemas el importe de la vivienda, casi sin papeleos, sin avales, con un sólo sueldo, todo era maravilloso. Recuerdo que alguna vez dudé, pero ahí respiraba un poco el aire de optimismo que reinaba en el ambiente y la duda se volatizaba. Ya con el paso del tiempo nos dimos cuenta de que el color rosa no era completamente rosa, fue tornando a un gris oscuro, sin llegar a ser negro.

Cristo de Viñeros
Pedro Biedma. 24.03.18 Ampliar

Con una enorme cruz te cargaron,
mecen con garbo tu trono,
las lágrimas me abandonaron,
pero a tu paso me emociono.

Como surcos de viñedos,
las promesas te imploran ruegos,
el enfermo que lo sanes, el invidente no ser ciego,
tú oyes todos a un tiempo, suena el himno de Viñeros

En una de tus paradas,
algo llama tu atención,
en medio de la riada,
una voz fuera del guión.

Te giras y la observas,
no te demanda salud,
es mi esposa, tu fiel sierva,
solo muestra gratitud.


Sin nexo de unión
Pedro Biedma. 23.03.18 Ampliar
Ayer, por curiosidad, busqué y leí las definiciones de la palabra “trabajo” en la Real Academia Española, según la misma, existen hasta doce acepciones distintas.
Me llamaron, poderosamente, la atención dos de ellas, la segunda y la doceava. Os transcribo ambas:
-2ª “Ocupación retribuida”.
-12ª “Estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida”.
Tan distintas la una a la otra, como el color blanco del negro, tan opuestas como el frío y el calor.
Durante un largo rato intenté analizar ambos significados, no concebía que una misma palabra tuviese conceptos tan contradictorios, debía de existir algún nexo de unión que escapase a mi espesa mente, sobre todo a esas horas de la noche, tras una dura y extensa jornada laboral.
Una jornada igual de agotadora que casi todas las que le han precedido durante los últimos 28 años, largos y breves a la par.
De repente, recordé que era día 1, el más deseado y odiado del mes, tomé mi portátil y tecleé la página de mi banco, como siempre me identifiqué con la clave personal, a veces me pregunto: 


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