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CASARABONELA
Valle del Guadalhorce (MALAGA)
Al Norte y Noroeste de AlozaIna y a 12 k¡Iómetros de ésta se encuentra Casarabonela. Posee una superlicie de 114 kilómetros cuadrados y cuenta con una población de 2.600 personas. Se halla a 45 kilómetros de la capital y se alza a 495 metros sobre el nivel del mar.
Su origen también es prehistórico. Los
testimonios antiguos más notables para sentar las bases precisas sobre su historia
proceden de la época romana. Dos calzadas romanas, la Puente y Buitfaran, han sido hasta
ahora paso obligado a Cártama, Coin y Málaga, al Sur y para Ronda, al Este. Le
dieron el nombre de Castra Vinaria o Castillo del Vino. Sin embargo, lleva sus
raíces árabes a flor de piel. Bajo el poder musulmán se transforma en Cars-Bonaira, por
haber sido sede del alcázar de Bonela. El castillo de Cars-Bonaira fue uno de los mejores
fortalecidos del reino y de los últimos que capituló en la Reconquista. Cuentan que el
calificativo de Casarabonela como «la fortaleza más fuerte del reino de Granada»,
según Bernáldez, se debe a que ya en el siglo IX fue restaurada y fortificada por Omar
Ben Hafsun -de Bobastro, a 12 kilómetros del pueblo- para defender su rebelión mozárabe
y muladí, aunque al final sucumbiría ante los alcaides cordobeses. Ver Jornadas Moriscas
Casarabonela, situada en el alto nivel del río Guadalhorce, al Oeste de El Chorro, prácticamente en el centro de la provincia, ha conservado tres zonas de marcado sabor morisco: el Arrabal, las Jareas y el Calvario. Sus calles tienen un urbanismo típi- camente musulmán: calles estrechas, sin salida, empinadas y con casas blancas relucientes de cal. Por tanto, no era difícil encontrar en la prensa malagueña del siglo pasado un poema anónimo dedicado a ella que comenzaba así: «Salud, Casara- bonela, de esta sierra la sultana... » Y es porque aquí predominaba la población morisca antes de la expulsión -finalmente, de 1609 a 1614, en todo el territorio nacional-, por lo que se conoce a sus habitantes también con el nombre de «moriscos», además de bolenenses.
Los productos agrícolas que conforman la base de la eco nomía local son: almendras, aceitunas, cereales y cítricos. También se están dedicando aquí ciertos espacios a cultivos subtropicales, sobre todo aguacate y mango, con resultados aceptables, condicionados por la estructura de la propiedad, en su mayor parte minifundista. La ganadería también ocupa un lugar destacado en Casarabonela, con cabañas de caprino, ovino, bovino y porcino. En el municipio funcionan varias industrias. La cárnica, de productos del cerdo, y la cooperativa olivarera, de aceite de buena calidad. Una empresa embotelladora de agua mineral y dos cooperativas textiles de ropa interior comercializan sus productos en el mercado provincial. El comercio es totalmente minorista y llama la atención el elevado número que existe en relación a la población bolenense.
Entre los monumentos que merecen destacarse en Casarabonela figura la iglesia de Santiago Apóstol, de principios del siglo XVI, y que en un tiempo fue colegiata. Está situada en la plaza superior de este empinado pueblo, en lo que en su día fue mezquita mayor -hay referencias de 11-. De considerables proporciones, tres naves, planta basilical, ensolado de mármol y campanas de sonoridad poco frecuente, que son conocidas en toda la comarca, posee una capilla lateral barroca y una imagen de la Virgen del Rosario, patrona de la localidad. Hace unos pocos años fue restaurada parcialmente y pintada por suscripción popular. Existen en Casarabonela dos ermitas. En la de la Veracruz -hoy cooperativa textil-, del siglo XVIII y de la que se conserva sólo su estructura exterior, destacan su torre de espadaña y su arco mudéjar. La del Calvario es más pequeña, con sólo un altar y se utiliza en raras ocasiones. Desde el emplazamiento de esta ermita se pueden presenciar unas panorámicas inolvidables del Valle del Guadalhorce. En la parte más alta del pueblo y cerca de la parroquia, se encuentra el Ayuntamiento, de 1935, construido sobre un edificio del siglo pasado, de 1841. Desde la balconada de la recoleta plaza que lo acoge, llamada de Buenavista, de 1951, se contempla también una estupenda panorámica de la zona baja de la localidad y su entorno.
Los bolenenses celebran varios acontecimientos para deleite de propios y extraños. Así, las Cruces de Mayo, el primer fin de semana del mes, de tradición popular, por las que se adornan algunos rincones típicos del pueblo con flores, coincidiendo con las hornacinas que hay en algunas calles y que en su tiempo separaban las zonas cristianas y moriscas. La Pasión, durante el Domingo de Ramos, Lunes y Martes Santos, se escenifica en el interior de la iglesia de Santiago. Las fiestas patronales y feria en honor del titular de la parroquia, a finales de julio. Y la procesión de la Virgen de los Rondeles, el 12 de diciembre. Es quizás la fiesta más tradicional en Casarabonela, que se celebra en la noche de Santa Lucía, la más larga del año. Se realiza una procesión con la imagen de la Virgen Pastora precedida por los rondeles de esparto prendidos en llamas para agradecer la campaña de la aceituna, la buena cosecha. Y para ello nada mejor que la quema de los capachos del molino impregnados en ace te. Es el día en que oficialmente empieza a tocar la pastoral. Celebración única en España, después de finalizar la procesión se ofrece en la plaza chocolate, buñuelos y tostones.
Pero no debe acabar este apartado sin reseñar las Jornadas Moriscas. Este encuentro cultural entre musulmanes y cristianos se celebra cada año con el objetivo de rastrear en el mutuo pasado islámico, recuperar un trozo de la identidad común. Y Casarabonela es uno de los lugares más idóneos y adecuados por su historia para un encuentro anual sobre la forma de vivir la idiosincrasia morisca y andalusí.
El Manantial de los Sultanes
Bonela,
la sultana de la sierra, villa de moriscos y rebeliones, Castra Vinaria para los romanos,
Cars Bonaria para los musulmanes. Bonel, manantial y fuente. Sus calles son angostos
pasadizos de empinadas cuestas. Bravos defensores de su tierra, los bonelenses, también
llamados moriscos, fueron de los últimos en rendirse a los Reyes Católicos que, hartos
de guerrear, decidieron enviar una diplomática carta aconsejando la capitulación. La paz
se hizo y sobre los cimientos de la antigua mezquita se levantó la iglesia
de Santiago Apóstol, que roza el cielo con su veleta.
Ya ha llovido desde entonces, pero aún conserva Bonela esa esencia musulmana. Y para que el tiempo no haga olvido, cada año se celebran las Jornadas Moriscas, un guiño musical y cultural al pasado andalusí.
En Bonela, un paseo es un viaje: de fuente en fuente y de tapa en tapa por los
bares y tabernas. Un descanso frente a algunas de las muchas hornacinas que antaño
hacían de frontera entre las calles moriscas y las cristianas, y que hoy se engalanan
durante la fiesta de las Cruces de Mayo o una parada para ver como, subiendo a la ermita
del Calvario, el paisaje se abre hasta donde la vista ya no alcanza.
El 12 de diciembre, La Pastora para más señas, Casarabonela se viste de fuego y
los vecinos queman los capachos de esparto todavía impregnados en aceite para dar gracias
por la buena cosecha de aceituna. Es la Fiesta de los Rondeles, multitudinaria, con
chocolate, buñuelos y tostones por doquier. Las llamas alumbran la noche y calientan los
espíritus. Cuando llega la Semana Santa, las escenas de la Pasión se representan en la
iglesia de Santiago. Y a finales de julio, las fiestas patronales, un aluvión lúdico,
escaparate de su artesanía y su variada gastronomía. Bonela es Al Andalus químicamente
pura.
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