Negocio
en blanco
![]()
La herencia del comercio de la nieve aún se
mantiene en algunos parques naturales, en especial en los municipios de
Tolox y Yunquera
| JOSÉ MARÍA MONTERO - Sevilla |
|
|
| EL PAÍS | Andalucía - 31-12-2002 |
|
|
|
|
En la primavera de 1624 se celebró, en lo
que hoy es Parque Nacional de Doñana, uno de los festejos reales más sonados
de la historia de España. El Duque de Medina Sidonia celebró una monumental
cacería en honor de Felipe IV a la que asistieron 1.200 invitados. Las
crónicas relatan cómo, para mantener en buen estado los manjares que se
transportaron desde diferentes puntos de la región, todos los días llegaban
al corazón de las marismas del Guadalquivir, procedentes de la serranía de
Ronda, seis cargas de nieve a lomos de cuarenta y seis mulas.
Cuando aún no existían métodos artificiales de refrigeración la nieve acumulada en los puntos más elevados de las comarcas serranas constituía un elemento muy codiciado, no sólo para la conservación de determinados alimentos o la elaboración de refrescos y helados, costumbre que se había extendido entre las clases más pudientes, sino también por sus aplicaciones médicas, ya que se juzgaba imprescindible en el alivio de hemorragias e inflamaciones, y hasta en el tratamiento de la peste. A mediados del siglo XVII el comercio de la nieve estaba ya más que desarrollado en numerosos puntos del país. Málaga era entonces una de las ciudades que, por su actividad portuaria, demandaba grandes cantidades de nieve. Ésta se obtenía de la que entonces era conocida como sierra de Yunquera, y en particular en el denominado Puerto de los Ventisqueros, a 1.600 metros de altitud. Traslado de actividad Dependiendo de la distancia a recorrer el precio de la nieve sufría notables oscilaciones, ya que en el transporte, que necesariamente debía realizarse de noche, se perdía entre un 35% y un 50% de la materia prima. El aprovechamiento de este recurso natural estaba en manos de los hombres de la nieve o neveros que, en puntos estratégicos, excavaban unos pozos de amplio diámetro, cuyas paredes, a veces, reforzaban con piedras, y que disponían de desagües para desalojar la nieve derretida. Los restos de algunos de estos ingenios aún pueden contemplarse tanto en la sierra de la Nieves como en la de Tejeda. El trabajo se iniciaba a finales de invierno o comienzos de la primavera. Las cuadrillas acudían a los ventisqueros para recoger la nieve en espuertas y capazos y transportarla así hasta los pozos, donde se acumulaba y compactaba. Cuando el pozo se había llenado se cubría con un manto vegetal para el que se utilizaban diferentes especies y, en particular, aulaga morisca, que servían de aislante, y se taponaba con una capa de tierra que dejaba sellado el depósito hasta la llegada del verano. Ya en el estío comenzaba la explotación del pozo, junto al que permanecía uno de los neveros, encargado de vigilar el depósito y organizar la venta. Durante la noche acudían los comerciantes que cortaban el hielo en grandes trozos y los cargaban en unos serones especiales, que podían cerrarse, y que iban recubiertos de tamo, una especie de serrín de paja, y helechos. Hasta 200 kilos de nieve llegaba a transportar cada animal de carga hasta componer largas caravanas que, de madrugada, los repartían por los diferentes pueblos del entorno. Organizando las correspondientes paradas en lugares frescos y protegidos del sol, las caravanas de hielo llegaban a cubrir rutas de hasta tres días. Los neveros no sólo trabajaban en las serranías malagueñas, también operaban en distintos puntos del macizo de Sierra Nevada, donde la disponibilidad de este recurso era mucho mayor, en la cercana sierra de Baza y en diferentes localidades de las serranías jienenses. Además de los primitivos pozos, en algunos de estos espacios naturales se conservan los caminos y veredas que se utilizaban para el transporte de este material, como la ruta de los pescaeros, acondicionada hoy para el senderismo, que une las localidades de Loja (Granada) y Torre del Mar (Málaga). El negocio de la nieve se mantuvo vivo en numerosas comarcas hasta la llegada del frío industrial. Las primeras fábricas de hielo marcaron el final de esta actividad, que los historiadores dan por desaparecida alrededor de 1930. CRÓNICA EN VERDE. Hasta comienzos del siglo XX, y en numerosas comarcas serranas andaluzas, el comercio de la nieve formaba parte de los aprovechamientos tradicionales, llegando a constituir un negocio floreciente que reportaba ingresos considerables a la Corona. Aunque artesanales, llegaron a desarrollarse curiosas técnicas para la conservación y transporte de este recurso natural que demandaban, en grandes cantidades, poblaciones como Málaga. Todavía hoy se mantienen, en algunos espacios protegidos, los restos de aquella actividad, desaparecida con la llegada de las fábricas de hielo.
|
|||||||||||||||||||
|
|